De la cultura al cultivo
Martina Rossi
Entre organismos, algoritmos y tectónica[1]
Durante la década de 1990, una serie de nuevas proposiciones en el campo de la filosofía y la crítica cultural sugirieron la necesidad de considerar que todas las organizaciones materiales exhiben una cierta vitalidad, pues tienen energía interna y cambian con el tiempo[2]. La idea de la vida material ha llevado a comprender que incluso materiales aparentemente inertes, como la piedra, están sujetos a procesos dinámicos, aunque sus transformaciones sean lentas y difíciles de percibir. Otros materiales se encuadran más fácilmente dentro de nuestras convenciones sobre lo que es una organización viva: además de mutar e interactuar con su entorno, son capaces de usar su energía inherente para generar nueva materia.
La energía y los medios implicados en la producción material ocupan hoy un lugar central en los discursos sobre los impactos medioambientales de la edificación, como reacción al agotamiento de recursos naturales utilizados en la construcción y a las emisiones derivadas de su procesamiento (Material Cultures, 2022). El sector de la construcción es responsable del 34% de las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía, de las cuales el 18% corresponde al carbono embebido en materiales como el cemento y el acero. En respuesta, las prácticas de la economía circular han cobrado impulso: en Europa, los materiales reciclados representaron el 18% de los insumos de construcción en 2024 (UNEP, 2025).
En este escenario marcado por un creciente interés en la agencia material y por críticas al extractivismo y al carbono embebido, han florecido exploraciones sobre la posibilidad de cultivar materiales (en lugar de extraerlos) y de trabajar con su variabilidad (en vez de homogeneizarla). Desde principios de la década de 2010, grupos de investigación vinculados a escuelas de arquitectura inauguraron una línea experimental que integra procedimientos de la biología sintética, cultivo de materia orgánica, simulación algorítmica y fabricación físico-digital. A diferencia de la arquitectura orgánica del siglo XX y la morfogénesis digital de los primeros años del siglo XXI[3], sus proyectos incorporan organismos vivos ya no solo como modelos para el diseño, sino también como agentes constructivos.
En estos experimentos, el procesamiento de materia orgánica involucra comportamientos impredecibles y, cuando estos materiales se usan para construir, su variabilidad se transfiere a relaciones inestables entre las formas y los materiales que las estructuran. Este contexto de estructuras dinámicas desestabiliza ciertos conceptos fundamentales de la disciplina y plantea nuevos desafíos teóricos. El concepto de tectónica, utilizado reiteradamente en la historia de la arquitectura para definir relaciones estables entre formas y fuerzas en los edificios (Sekler, 1965), ha demandado nuevas formulaciones que contemplen los comportamientos de los organismos, las tecnologías algorítmicas y las mutaciones que emergen al acoplar estas interacciones con tipologías preexistentes (Leach, 2004; Reiser y Umemoto, 2006; Menges, 2015).
¿Cuán profundo es el potencial transformador de los experimentos con materia viva? ¿Cómo interpela a la tradición arquitectónica el salto a la fabricación con materiales y algoritmos generativos? Estos proyectos suelen presentarse como experimentos radicalmente generativos, en los que la forma emerge del material. Sin embargo, mi propuesta es que el paradigma del cultivo y la biofabricación no deja atrás la cultura tectónica (Frampton, 1995), sino que demanda nuevas teorías que permitan reflexionar sobre sus implicancias.
Para responder estas preguntas, analizo dos experimentos prototípicos que cultivan materia viva e integran su agencia productiva con procesos algorítmicos y tipologías arquitectónicas en el diseño y la fabricación. El Silk Pavilion (2013), del Mediated Matter Group del MIT, combina hilado robótico con la secreción directa de seda por gusanos sobre un andamio esférico. La torre Hy-Fi (2014), del estudio The Living, estructura ladrillos cultivados a partir del crecimiento del micelio y optimiza la forma de la torre de tubos entrelazados y el aparejo de ladrillos mediante simulación algorítmica. El análisis de estos casos explora cómo los comportamientos irregulares de la materia viva y las herramientas digitales interactúan con técnicas y tipologías heredadas de la tradición tectónica[4].
Entre cuerpos orgánicos y arquitectura
Para evaluar el alcance transformador de los experimentos con materia viva, vale la pena examinar cómo la arquitectura ha pensado históricamente su relación con los cuerpos orgánicos. Un artefacto arquitectónico puede entenderse como vivo al conformarse por sistemas activos interrelacionados entre sí y con su entorno, como un organismo. Esta concepción condujo a pensar edificios en analogía con formas y funciones corporales, dando lugar a metáforas orgánicas fundacionales de la disciplina: desde la traducción de las proporciones del cuerpo humano a los órdenes clásicos, hasta las analogías entre organismo y máquina de Le Corbusier, las obras de Frank Lloyd Wright, integradas al entorno como organismos, y las técnicas inspiradas en estructuras orgánicas de Frei Otto (Steadman, 2008)[5].

Diagrama de analogías entre organismos, máquinas y obras de arte. Autor: Philip Steadman. Fuente: Philip Steadman, The evolution of designs (2008).
Kenneth Frampton, en Studies in Tectonic Culture (1995), explora cómo las analogías entre forma tectónica y orgánica estructuran la cultura arquitectónica moderna, proponiendo el valor del aspecto táctil de la arquitectura para resistir su reducción a referencias semióticas. Christopher Hight (2008) critica este enfoque fenomenológico por idealizar el cuerpo masculino y desestimar la mediación tecnológica en la experiencia arquitectónica. Según Hight, la realidad virtual y la biotecnología diluyen los límites entre lo humano, lo animal y lo cibernético, dando lugar a modelos poshumanistas de corporeidad, como cyborgs y mutantes, que articulan nuevas relaciones entre cultura, cuerpo y naturaleza. Esta desestabilización del cuerpo idealizado abre paso al diseño morfogenético que concibe el dinamismo de la materia corporal y aprovecha el potencial algorítmico para emular procesos generativos de los organismos, sentando las bases teóricas de la biofabricación.
A fines del siglo XX, Greg Lynn se destacó por cuestionar la metáfora arraigada en el cuerpo de la disciplina arquitectónica que concibe los organismos como sistemas subordinados a un todo ordenador, proponiendo una conceptualización dinámica de los cuerpos como agregados inestables (Lynn, 1998). Apropiándose de softwares de animación, Lynn desarrolla modelos morfogenéticos y embriológicos para la arquitectura, que reproducen procesos formativos mediante algoritmos. Su proyecto Embryologic Houses (1997-2001), emblemático de este modelo, desarrolla formas voluptuosas que emulan el crecimiento orgánico, aunque todavía mediante materiales industriales como acero y aluminio, sin incorporar una materialidad generativa (Lynn, 2000/2012). Durante la primera década del siglo XXI, avances en biología sintética, junto con la urgencia medioambiental, impulsaron investigaciones en las que la computación material deja de ser solo un modelo de formalización para adquirir un rol activo en la construcción. Este desplazamiento marca una transición de formas y procesos inspirados en la biología a la producción directa con materia viva. Los experimentos que analizo a continuación inauguran este campo de investigación y permiten evaluar cómo la biofabricación amplía la genealogía de relaciones entre organismos y arquitectura.
Tejido densificado por gusanos
Si bien los humanos hemos desarrollado técnicas bastante sofisticadas de hilado, ciertas especies son capaces de producir la materia con la que hilan por sí mismas. Por ejemplo, el gusano de seda Bombyx mori produce un kilómetro de seda en 72 horas para construir su capullo, mediante una técnica de deposición 3D, multieje y multimaterial, que responde dinámicamente a las condiciones del entorno (Oxman, 2015). Este comportamiento productivo del gusano fue el punto de partida para el diseño del Silk Pavilion (2013), un pabellón realizado por el grupo de investigación Mediated Matter del MIT, liderado por Neri Oxman. El equipo desarrolló una técnica de hilado robótico inspirada en el comportamiento del gusano e integró ese método con la secreción del gusano en la construcción de un pabellón de seda. El prototipo demostró la ventaja regenerativa de aprovechar la deposición directa, evitando el procesamiento de los capullos, normalmente hervidos para facilitar el devanado de la seda, que elimina la capacidad reproductiva de los gusanos (Oxman, 2014).
La investigación del Silk Pavilion comenzó analizando la relación entre el patrón de deposición del gusano y las características superficiales de la base sobre la que hila, y esos experimentos sugirieron guiar la fabricación microestructural mediante la configuración, la luz y la temperatura. Se diseñó una esfera de 3,6 m de diámetro subdividida en 26 paneles hexagonales y pentagonales hilados sobre marcos temporales de aluminio, y las aberturas se definieron vinculando datos ambientales con parámetros de fabricación. El pabellón se construyó en dos fases: primero el hilado con CNC, luego la deposición biológica. Durante diez días, 6.500 gusanos depositaron 6,5 millones de metros de seda. Tras la pupación, los gusanos completaron su metamorfosis en polillas, con el potencial de producir 1,5 millones de huevos y 250 pabellones más (Oxman, 2015).
En su tesis doctoral Material-based Design Computation (2010a) y en sus escritos posteriores, Oxman retoma ideas del Nuevo Materialismo para proponer un modelo morfogenético de formación sin formalismo, en el que el comportamiento material precede la definición formal (Oxman, 2010b). Sin embargo, aunque el Silk Pavilion expresa la interacción biológico-digital en la textura del hilado de densidad variable, no problematiza la forma global del pabellón, una cúpula determinada a priori del comportamiento material. ¿Regenera el pabellón la tipología estructural del domo o la refuerza con hilos de seda?
Si bien la deposición orgánica y el patrón del hilado renuevan el repertorio técnico y estético de la arquitectura, aquellos aspectos que permanecen por fuera de la lógica generativa en el discurso del proyecto ponen en duda su autoconsciencia sobre esta coexistencia.

Experimentos de deposición de seda del gusano Bombyx mori sobre plataformas con diferentes condiciones superficiales en el MIT Media Lab. Fotografía: Colin Raney. Fuente: Flickr.

Neri Oxman y Tim Brown examinan una membrana de seda tejida por gusanos. Fotografía: Colin Raney. Fuente: Flickr.

El Silk Pavilion colgado en el atrio del MIT. Fotografía: Colin Raney. Fuente: Flickr.
Ladrillos solidificados por micelio
Así como el gusano segrega seda para construir su capullo, el micelio, la estructura radicular filiforme del hongo, crece absorbiendo nutrientes de los materiales orgánicos con los que entra en contacto. Cuando las condiciones necesarias para la vida del hongo se interrumpen, la mezcla orgánica se solidifica y puede usarse como material portante a compresión[6]. Este proceso inspiró al estudio The Living dirigido por David Benjamin, a cultivar un ladrillo ligero, biodegradable y resistente a la intemperie a partir de micelio y residuos de tallos de maíz, para construir Hy-Fi (2014), un pabellón temporal en forma de torre tubular ramificada para el concurso del MoMa PS1.
Dado que el micelio no contaba con parámetros de resistencia estructural estandarizados, el equipo realizó ensayos de compresión y flexión que informaron un modelo de análisis de elementos finitos (FEA), desarrollado en colaboración con Arup para evaluar tensiones y desviaciones formales. Ante desplazamientos excesivos, se ajustó iterativamente tanto la geometría de la torre como la composición del ladrillo, variando tiempos de crecimiento, proporciones de micelio y tamaño de las partículas orgánicas hasta alcanzar un margen aceptable de estabilidad (Benjamin, 2018).
El diseño de doble curvatura de la torre exigía patrones de aparejo complejos que no podían resolverse cortando ladrillos in situ sin comprometer sus propiedades estructurales. Para resolverlo, el equipo desarrolló una herramienta en la plataforma Dynamo que simulaba configuraciones con módulos de diferentes tamaños, asignando reglas de colocación según una lógica que Benjamin describe como "suficientemente buena, procedente de la biología, más que de perfección optimizada, procedente de la ingeniería" (Benjamin, 2018). Además de formular un nuevo ladrillo compuesto, el proyecto produjo una herramienta generativa que relaciona dinámicamente información técnica y formal, transformando no solo la materialidad, sino también las posibilidades organizativas de la arquitectura.
Aunque la configuración del pabellón estuvo influida por la agencia del material y se optimizó incorporando variables constructivas, la forma global se definió independientemente del comportamiento del micelio. Como en el Silk Pavilion, la experimentación material y técnica no implica una ruptura con las tipologías heredadas, sino una interacción entre configuraciones reconocibles y procesos generativos impredecibles. La irregularidad del ladrillo cultivado y la lógica iterativa se reflejan en la porosidad variable del aparejo y en la superficie ondulante de la torre, pero estas transformaciones operan dentro de la tipología de torre de tubos vinculados, que estabiliza la proliferación formal derivada de la experimentación material.

Interior de la torre Hy-Fi mostrando la irregularidad del ladrillo cultivado y las variaciones del aparejo. Fotografía: Trevor Ryan Patt. Fuente: Flickr.

Vista exterior de la torre Hy-Fi durante el proceso de construcción. Fotografía: Trevor Ryan Patt. Fuente: Flickr.

Vista del pabellón Hy-Fi en construcción, mostrando la interacción entre los ladrillos de micelio, las bandejas de cultivo reutilizadas y la estructura de madera reclamada. Fotografía: Trevor Ryan Patt. Fuente: Flickr.
Materia generativa
Si diez años atrás el vitalismo ya había sido integrado a ciertas corrientes de diseño computacional (Carpo, 2017), en los últimos años la investigación arquitectónica trascendió la transferencia metafórica para pasar a utilizar organismos vivos como agentes de fabricación. Las metáforas orgánicas que estructuraron la cultura tectónica son tensionadas cuando la materia viva deja de ser un recurso simbólico y deviene condición operativa. La interacción entre producción biológica y herramientas algorítmicas engendra efectos estructurales, visuales y táctiles que emergen de la negociación entre la precisión digital y la irregularidad orgánica. En Silk Pavilion, la densidad variable de la membrana de seda ablanda la geometría estable del andamio. En Hy-Fi, el cultivo de ladrillos y el diseño iterativo alteran la permeabilidad de la torre. En ambos casos, la materia viva y las tecnologías algorítmicas desestabilizan las tipologías con las que interactúan.
Las formas preexistentes confluyen con variables materiales y ambientales en procesos no lineales, tensionando los discursos bottom-up[7] de sus autores. Aunque los proyectos exhiben nuevas relaciones entre forma y estructura emergentes de la integración entre computación biológica y algorítmica, también retoman tipologías con órdenes simbólicos inherentes: la cúpula y la torre. La biofabricación acorta la distancia entre edificios y cuerpos orgánicos, pero la distinción entre lo arquitectónico y el mundo natural persiste a través de tipos consolidados. Los casos evidencian un gradiente de permeabilidad de las formas conocidas a la acción de los materiales y las tecnologías: ya sea porque la tipología es modificada por la experimentación y tiende a volverse más indeterminada, o porque opera como un marco estable que limita la proliferación formal derivada de la investigación material.
El paradigma del cultivo no descarta la cultura tectónica, sino que la reorganiza a través de nuevas interacciones entre organismos, algoritmos y formas arquitectónicas[8]. Estos pabellones demandan una noción interactiva de la tectónica que contemple las relaciones entre medios y formas que emergen de estos procesos. Los prototipos experimentales permiten evaluar críticamente las implicancias culturales, éticas y estéticas de criar material constructivo antes de su implementación a escala industrial. Desarrollar escenarios posibles para una arquitectura construida con organismos que nacen, se reproducen y mueren exige un compromiso simultáneo con las condiciones ecológicas contemporáneas y con la tradición arquitectónica.
[1] Este artículo surge de mi tesis de maestría titulada “Tectonicidad Interactiva. Teorías e investigaciones arquitectónicas entre lo material y lo digital a principios del siglo XXI”, aún no publicada, desarrollada en la Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad, EAEU, Universidad Torcuato Di Tella.
[2] Esta idea fue propuesta por el Nuevo Materialismo, un conjunto de propuestas filosóficas surgidas en la década de 1990 que entienden la materia como agente activo dotado de tendencias propias, en lugar de concebirla como sustancia pasiva (Coole & Frost, 2010). Algunos de sus exponentes influyentes en el campo arquitectónico fueron Sanford Kwinter, teórico y crítico cultural (Kwinter, 1993), y Manuel DeLanda, filósofo callejero (DeLanda, 1992).
[3] La arquitectura orgánica del siglo XX es analizada en el marco de la cultura tectónica (Frampton, 1995), y la morfogénesis digital describe un proceso generativo inspirado en la teoría de la evolución que informa las tectónicas digitales (Leach, 2004).
[4] Las tipologías formales como arcos, bóvedas y cúpulas han sido asociadas a ciertos materiales y tipos espaciales -como atrios, naves y patios- y funcionales -como iglesias, cárceles y museos-, documentados en tratados, enciclopedias y diccionarios arquitectónicos como los de Vitruvio o Quatremère de Quincy.
[5] Varios libros exploran manifestaciones de la analogía biológica en la historia de la arquitectura. Philip Steadman describe diferentes tipos de analogía: orgánica, clasificatoria, anatómica, ecológica, Darwiniana, el diseño como proceso de crecimiento, la biotécnica que considera a las plantas y los animales como inventores, la analogía diagramática de Christopher Alexander que traslada jerarquías de estructuras biológicas al diseño, y el resurgimiento de este interés a partir de la introducción de la computación al diseño, que da lugar a una arquitectura biomorfica mediante la programación de algoritmos genéticos.
[6] A diferencia del Silk Pavilion, donde el proceso de fabricación preserva la capacidad reproductiva de los gusanos, el ladrillo de micelio requiere interrumpir la vida del organismo para reducir el dinamismo del material y estabilizar su capacidad portante.
[7] Los discursos bottom-up (o de abajo hacia arriba) son narrativas, mensajes o flujos de comunicación que nacen de las bases, los ciudadanos o los empleados operativos para luego ascender e influir en las altas esferas o la dirección general.
[8] Una década después de Silk Pavilion y Hy-Fi, el campo de la biofabricación arquitectónica continúa expandiéndose. Proyectos recientes como Picoplanktoniks (2025), presentado en el Pabellón de Canadá de la Bienal de Arquitectura de Venecia, infunden bacterias mineralizantes en estructuras impresas robóticamente, explorando nuevos intercambios entre organismos, algoritmos y arquitectura.
Bibliografía
Benjamin, D. (2018). Now we see now: Architecture and research by The Living. Monacelli Press.
Carpo, M. (2017) The second digital turn. MIT Press.
Coole, D., Frost, S. (2010). New materialisms. Duke University Press.
DeLanda, M. (1992). Non-organic life. En J. Crary & S. Kwinter (eds.), Zone 6: Incorporations. Zone Books.
Frampton, K. (1995). Studies in tectonic culture: The poetics of construction in nineteenth and twentieth century architecture. MIT Press.
Hight, C. (2008). Architectural principles in the age of cybernetics. Routledge.
Kwinter, S. (1993). Soft systems. En B. Boigon (Ed.), Culture lab, 207–228. Princeton Architectural Press.
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Lynn, G. (2000/2012). Embryologic houses. En M. Carpo (Ed.), The digital turn in architecture 1992-2012, 125-130. Wiley.
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Sekler, E. F. (1965). Structure, construction, tectonics. En G. Kepes (Ed.), Structure in Art and Science. Studio Vista Limited.
Steadman, P. (2008) The evolution of designs: biological analogy in architecture and the applied arts. Routledge.
United Nations Environment Programme. (2025). Global status report for buildings and construction 2024/2025: Not just another brick in the wall – The solutions exist. Scaling them will build on progress and cut emissions fast. UNEP. Link